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El derrumbe bursátil local y global signó el primer día de Marcó del Pont
La funcionaria tuvo un debut con desplome financiero. Aseguró que no habrá cimbronazos en el tipo de cambio. Cayeron el Merval y los bonos empujados también por temor a que España caiga en default.
Mercedes Marcó del Pont llegó a media mañana al Banco Central y se instaló en el despacho del segundo piso que ocupó Martín Redrado por más de cinco años. Menos de 24 horas después de que Cristina Kirchner sorprendiera a todos con su designación al frente de la autoridad monetaria, la economista ya encabezaba su primera reunión de directorio. Al salir de su casa prometió “seguir con una política de tranquilidad en el mercado de cambios” y aseguró que “el país no tiene ninguna condición objetiva para que haya ningún cimbronazo ni ajuste en el tipo de cambio”. Por la tarde se reunió con el ministro de Economía, Amado Boudou. Pero los financistas no le correspondieron la sonrisa: en medio de un derrumbe bursátil mundial, la bolsa porteña se desplomó un 3,8% y los bonos de la deuda cayeron hasta el 4 por ciento. Cerca de ella negaron que el retroceso tuviera que ver con su ascenso, que los banqueros recibieron con frialdad.
La flamante jefa del Central dijo que pondrá en marcha “políticas monetarias y cambiarias absolutamente razonables, de estabilidad y de profundización de este modelo”. También aprovechó para despegarse de Redrado, al afirmar que cree “en la autonomía del Banco Central”, pero que “no se puede ser independiente del conjunto de las políticas económicas que se plantea una nación”.
Ya en el edificio de Reconquista 266, Marcó del Pont puso a punto su despacho: ubicó detrás de su escritorio las clásicas fotos familiares y su retrato junto a Cristina de un par de años atrás. Después presidió un directorio donde por primera vez en un mes no se cortó el aire con un cuchillo. Tampoco hubo volantazos ni decisiones demasiado significativas.
En la reunión, que duró dos horas y a la que asistieron todos los directores, la designada presidenta en comisión apenas repasó el informe cambiario que se difundió al caer la tarde e hizo algunas observaciones y comentarios sobre su texto. El resto del día lo dedicó a sondear candidatos para el equipo de asesores que prevé formar, aunque la Casa Rosada ya le haya designado un gerente general que no responde a ella personalmente.
Tal como informó Crítica de la Argentina el miércoles, el nuevo gerente del Central será Benigno Vélez, un economista cercano a Boudou que hasta ayer ocupaba la estratégica Secretaría Legal y Administrativa de Economía. Su renuncia apareció en el Boletín Oficial y entre hoy y el lunes se publicaría su nueva designación. Según fuentes del Palacio de Hacienda, el ministro ya tiene decidido quién lo reemplazará. Pero en el Central insistían ayer en que, lejos de ascenderlo para premiar a su jefe, a Vélez lo habían “degradado” al destinarlo a la gerencia de la entidad.
Aunque por razones distintas, tanto Boudou como Marcó del Pont siguieron minuto a minuto la marcha de los mercados locales. La debutante temía lo que finalmente ocurrió: que un desplome originado en factores externos empañara su desembarco. El jefe de Economía mantuvo la vista fija en los bonos de la deuda. Su inquietud era otra: que los papeles continuaran cayendo como ocurre desde que estalló el escándalo de Redrado y que eso afectara la suerte del canje para los acreedores que rechazaron la quita de 2005.
Para su desgracia y la de los bancos que atesoran millones de pesos en bonos, la marcha cuesta abajo continuó. El único que recuperó algo de lo perdido en enero fue el Cuasipar en pesos, que ganó un 3,25 por ciento. El Discount en pesos perdió 2,75%, el cupón PBI en dólares un 3,3% y el Par en pesos un 3,9 por ciento. Mientras más caigan los papeles argentinos, menos atractivos serán los que se emitan tras el canje y menos chances de éxito tendrá el canje que impulsa Boudou desde que asumió.
Aunque en Economía lo niegan, en la City tomaron nota del debilitamiento de Boudou. Y se inquietan porque Marcó del Pont les resulta imprevisible. Un informe que publicó ayer la consultora ACM –fundada por el consultor bancario Javier Alvaredo– destacó que las turbulencias internacionales y locales, “en caso de profundizarse, podrían complicar la concreción de la transacción”. Y agregó: “Por más que el Gobierno intente echar culpas al obstruccionismo de la oposición o la Justicia, lo cierto es que la responsabilidad es siempre del que gestiona, y en este caso el principal afectado sería el Ministerio de Economía”.
El Fondo quiere la independencia
El Fondo Monetario volvió a servirle en bandeja al Gobierno un argumento contra la independencia del Banco Central, al defenderla en público en una conferencia de prensa. “Por supuesto, creemos que la independencia del Banco Central es muy importante a la hora de formular la política monetaria en todo el mundo”, dijo la vocera del cuestionado organismo financiero, Caroline Atkinson, en respuesta a la pregunta de un corresponsal argentino sobre el escándalo del verano.
La funcionaria evitó entrar en detalles sobre la disputa y nombrar a Martín Redrado u otros funcionarios. Ni siquiera mencionó a la Argentina al hablar sobre la independencia de las autoridades monetarias. En la misma rueda de prensa, Atkinson también dijo no tener ninguna información nueva sobre las negociaciones entre el FMI y Argentina, como para que la entidad revise la economía local tal como lo indica el artículo IV de sus estatutos. El ministro de Economía, Amado Boudou, había iniciado gestiones para apurar esa supervisión.
A fin de año se frenó la fuga de divisas, que superó los 14 mil millones de dólares en todo 2009
El primer estudio del Banco Central difundido bajo las órdenes de Mercedes Marcó del Pont no trajo tan buenas noticias: según el Informe Cambiario, la fuga de divisas llegó en 2009 a u$s 14.123 millones y apenas se frenó en el último trimestre. Además, sólo los u$s 2.700 millones que giró el Fondo Monetario como parte de un plan mundial anticrisis evitaron que el año cerrara con un déficit cambiario agregado.
El informe precisó que la formación de activos externos –como se denomina en la jerga a la compra de dólares por parte de los privados– se mantuvo a un ritmo preocupante durante los tres primeros trimestres del año que acaba de terminar. En el primero llegó a 4.357 millones, en el segundo totalizó 4.370 millones y en el tercero sumó 2.140 millones de dólares.
En el último trimestre, en cambio, el saldo se revirtió: hubo ventas de dólares netas por 7 millones por parte de los privados. Según el informe, eso respondió a “las políticas implementadas y la mejora en el clima financiero regional e internacional”.
La fuga, de todos modos, fue inferior a la de 2008, cuando había totalizado 23.098 millones de dólares. Fue en el año del estallido de la crisis financiera mundial con epicentro en Estados Unidos.
Los DEG (Derechos Especiales de Giro) que envió el FMI el año pasado ayudaron a hacer cerrar las cuentas. En el último trimestre, el balance cambiario arrojó un saldo positivo de u$s 2.658 millones, derivado de un superávit de u$s 2.666 millones de la cuenta financiera y de capital, y de un déficit de u$s 8 millones de la cuenta corriente.
“Las intervenciones del BCRA en el mercado de cambios y el ingreso a las reservas de los Derechos Especiales de Giro asignados a la República Argentina por el Fondo Monetario Internacional en agosto y septiembre de 2009 por el equivalente a unos u$s 2.700 millones fueron las principales fuentes del aumento trimestral”, admite el informe difundido ayer.
El Central destacó que esos orígenes de fondos fueron parcialmente compensados por los pagos de servicios de deuda en moneda extranjera y por los retiros de dinero del Tesoro Nacional de su cuenta operativa.
El estudio, que evita puntillosamente ensalzar cualquier aspecto de la gestión de Redrado, también subraya que las reservas del Central “cerraron 2009 con un stock de 47.967 millones de dólares, 3 por ciento más que al cierre de 2008, más del triple del nivel de fines de 2001 y el quíntuple de los valores mínimos observados a mediados de 2002”.
La fecha original para la publicación del texto era el 15 de enero, pero el affaire de Redrado terminó por demorarlo. Crítica-
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